jueves, 22 de septiembre de 2011

Printemps 2


Había pasado un corto invierno entre salas de estudio, escenarios y amores fugaces. Había conocido un nuevo amor que me llevaba de las barras al centro con toda su corporalidad. Me había descubierto yo mismo.
Cuanto... cuanto dejan ciertas personas que pasan por tu vida, sin quererlo marcan etapas y se marchan sin mirarte más, es como las estaciones que vienen y se van sin darte cuenta que te hicieron florecer, secarte, caerte y morir.
Ahora después de las nubes infinitas, el damasco de la puerta de mi casa volvió a florecer, así como las mujeres y los hombres de corazón noble. Igual que florece el humano paciente, cuando se da cuenta que poco a poco las cosas se configuran a su favor, que la vida empieza a dar tregua a su lucha.
También empezó a florecer una sensación de desinterés... no de ese desinterés maldito que hace que no tomemos importancia de nada, sino ese desinterés de recompensa, ese que nos hace disfrutar las cosas por el simple hecho de hacerlas. Disfrutar una noche acompañado y un desayuno agradable; una buena presentación aunque no seas el mejor músico de la noche. La vida se arma de a poco y a todos nos cuesta darnos cuenta.

Habían pasado meses y ella había aparecido poco, sólo lo suficiente para causarme un par de desequilibrios en el día... algo había cambio extrañamente. Seguía yendo al bar a tomar el old fashion o unas cervezas... la vida iba pasando, y yo la iba aprovechando... que lindo sería volver a darle esta serenidad a alguien, esta tranquilidad magnífica llena de los aires frescos que se llevan los petalos de las flores.

Santiago, septiembre de 1961.

miércoles, 13 de abril de 2011

Primeros días frios...


Cuando llega abril y sus primeros días frios, como todos los años, algo se reordena en mi cabeza, mis pensamientos me permiten vivir, y aunque no me dejan en ningún momento, todo toma un cauce más sereno... es así como este año pasa lo mismo y tengo tiempo para volver a sentarme al piano, tocar mi repertorio sencillo mientras anochece en el centro y veo bajar la intensidad de la luz desde mi pequeño estudio... ya sin recordar el sillón rosado y sin mirar atrás por nada.

Cierto día aparecío un telegrama de Antonella bajo mi puerta.

-Etapa superada?
-Abrelo sin miedo.

Algo triste le había pasado, su abuelo había fallecido. Era un momento bueno para conversar bien, sin rencores sobre nuestras nuevas vidas, sobre como todo se enrrieló sin habernos fijado. La Alameda, donde siempre nos juntabamos fué el lugar.

Los días anteriores al encuentro fueron normales, sin pensar mucho, ya todo había pasado sin nada que decir...

Verla de pié, su cara, sus formas, su pelo su rostro, sus formas, todo todo... era mia y yo seguía siendo suyo... caminamos largamente, conversamos vanalidades y luego nos sentamos en la plaza brasil, un trío de boleros que estaba afuera de un restaurante tocó ( ) La gloria eres tú... y no pudimos evitar entristecernos... ella tenía su nuevo hombre, que según me dijo era muy bueno y yo estoy lleno de esas "superficialdades exquisitas" que son tan cómodas, pero... no pude no pude no pude aguantarme... La besé y aunque se negó un poco, respondió el beso, era como si nadie pudiera aguantarse, lo extrañé, la tomé fuerte por la cintura, muy fuerte después de haber recordado cuanto dabamos que hablar, cuan felice eramos en nuestras noches de bohemia santiaguina con zapatos bonitos... me dijo uqe extrañaba un poco todo eso, cuando nos ibamos a Valparaiso de improviso, que ahora todo era demasiado calmo. Después de ese beso, floreció, rió, no sintió culpa y no se lo hubiera permitido... Floreció tanto como la hacía floerecer hace un año y medio atrás y me dió tanta vida como me la dió siempre. Que triste fuí al ver que reprimía cada una de las cosas que aún sentía por mi.

Antes de irse en la liebre me dijo algo que nunca voy a poder olvidar.

-"Con todo esto, me di cuenta de lo que realmente es amor y lo que no"

Camino a mi casa y no quiero tocar, no quiero casi nada... salvo recordar ese beso que nos dimos, escondidos, en uno de esos días frios, como el último en que tuve su cuerpo, y como el último en que la besé, como en los que más felices fuimos cantando bajo la lluvia de julio, igual que cuando la extrañé después... espero, que agún día cuando pase fuera del bar "Santiago Blues", escuche lo que estoy tocando para ella, los tristes boleros de saber que aún es mia.


Santiago, primeros días frios de abril, 1961.

sábado, 2 de abril de 2011

Santiago Blues...


Extremadamente poco duró la soledad, Ya verla los días de revista en el teatro Opera no iban a ser gran cosa, el regreso a la música y a mis noches de soledad me llenaron de nuevas fisionomías y de superficialidades exquisitas... Qué había sido de toda mi vida sin saber disfrutarlas?.

Ya caminar de vuelta solo era un agrado, mi espalda pesada y mis manos doliendo... doliendo adoquín por adoquín y la cosa no cambiaba nada, pero que liviandad en mis pensamientos, qué orden pulcro apareció repentinamente así como para quedarse... un mensaje en la puerta.

-Gracias por lo de anoche.

Satie cobro otro sentido, volví a escuchar a Coltrane entre gemidos y asfixias. Más ropa al suelo, más sudor al viento, más olores en mis bronces.

Extraño un par de cosas... pero extrañar ya no vale tanto la pena, mejor me siento al piano, Schumann y mis ideas vuelven a ordenarse.

Como el verano no se quería ir y aún sus calores, colores y formas me hartaban, ya quería nubes y rojo en los arboles de parque; quería mis abrigos y mi botas... Pero también quería que alguien me conociera, quizá otra persona equivocada más, alguién a quién darle más que una noche de sabores, un abrazo rico antes de que se ponga a llover esperando la Matadero-Palma, por el parque Cousiño, y entre vino y vino, permitirme decir todas esas cosas que uno evita.



Abril caluroso, 1961.

viernes, 18 de febrero de 2011

Reloj


Y así llegaba a su fin la hermosura de sus pechos en mis manos y en mi boca, llegaban así a su fin todas las palabritas lindas que a uno poco a poco se le van saliendo en el transcurrir de los días, el reloj era implacable al marcar la hora... Otro bolero en mi vida.
Me ducho en su baño, voy limpiando mis ideas, por qué tenía que marcar la hora de su ida y de mi regreso? yo no quería volver, pero ella si tenía que ir, porque las cosas "son como son" y funcionan de una manera predeterminada por nuestras individualidades.

Lo lamente, lo lamento ahora mismo mientras la veo sentada en su sillón rosado mientras toma el último té de mi vida...

El reloj sigue implacable y yo no se que hacer... acostarse, tocarla, dormir, despertar y regresar a mis eternas penas.

Santiago, finales de febrero de 1961.